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Aprender a vivir después del cáncer

Lee este artículo en inglés  y portugués.

Pablo as a child in a Superman costume

La infancia de Pablo Allard Méndez estuvo marcada por tratamientos, pero también por momentos de juego y de fuerza que impulsaron su camino hacia la recuperación.

Cuando tenía 2 años, en el año 2000, viviendo en Chile, me detectaron un sarcoma de células claras en el riñón, un tipo de cáncer muy poco común y agresivo. Ese diagnóstico fue un golpe muy fuerte para mis padres y para mí. Pasé por 9 meses de quimioterapia, cirugía y radiación. También me extirparon el riñón derecho.

En junio de 2001, cuando pensábamos que todo había terminado, el cáncer volvió. Esta vez, en la médula ósea.

Tuve que enfrentar nuevos meses de tratamiento y dolor. Logramos salir adelante, aunque no sabíamos que el camino aún no había terminado.

Una lucha larga

En el 2004, 2 años después de haber terminado mi segundo tratamiento contra el cáncer, ya llevaba una vida casi “normal”. Había ingresado al colegio y pensábamos que el cáncer se había ido.

Pero el mismo sarcoma regresó, ahora en el cerebro. Nuestra vida se detuvo. Dejamos todo para comenzar un nuevo tratamiento, con quimioterapia, radiación, cirugías y 2 autotrasplantes de médula.

Fue un proceso largo, difícil y doloroso.

Cuando tratábamos de recuperar la calma, en 2006 llegó una nueva recaída, esta vez en la tiroides. Tuvieron que extirparla también.

Pudimos volver a intentarlo, pero el miedo, el cansancio y la incertidumbre siempre estaban presentes.

Las preguntas que cambiaron mi vida

Después de todo lo vivido, era imposible no preguntarme: ¿cuál es el significado de la vida?

Si a los 7 años ya había tenido cáncer 4 veces, no podía dejar de preguntarme qué me esperaba en el futuro. ¿Podría tener una vida tranquila? ¿Podríamos sanar los miedos y los traumas causados por este proceso? ¿Qué sentido tiene vivir así?

Eran preguntas que mi familia y yo nos hacíamos. Durante mucho tiempo pensamos que nunca íbamos a poder responderlas.

Con los años, la vida comenzó a tomar un rumbo más estable. Volví al colegio, me reencontré con mis amigos y comencé a disfrutar el deporte. El cáncer ya no estaba, pero su recuerdo seguía acompañándome.

Mi familia comenzó a ser voluntaria en Fundación Nuestros Hijos, una organización de cáncer infantil en Chile, como una forma de sanar. Poco a poco, también empecé a participar. Ese contacto con otros sobrevivientes marcó el inicio de mi proceso de sanación.

Convertir el dolor en propósito

Pablo speaking at SIOP

Pablo compartiendo la voz de los sobrevivientes en SIOP (Sociedad Internacional de Oncología Pediátrica) para visibilizar sus necesidades y promover mayor conciencia en la comunidad global.

En 2019, me detectaron un nuevo tumor en la zona cervical.

El miedo volvió, pero esta vez pude vivirlo de otra forma: con más conciencia y madurez.

Comprendí que quería transformar mi experiencia en algo útil, así que decidí estudiar psicología y especializarme en psicooncología para acompañar a otras personas que viven experiencias similares a la mía.

El cáncer me enseñó a valorar la vida, a las personas y mi vocación. Lo que estuvo tan cerca de quitarme la vida terminó dándole un sentido profundo.

Alzando la voz de los sobrevivientes

Pablo at Camino Foundation

Un momento cotidiano en Fundación Camino, donde el acompañamiento se convierte en parte del proceso de sanación para todos.

En 2022, junto a otros sobrevivientes, fundamos Luz de Esperanza, la red nacional de sobrevivientes de cáncer infantil de Chile. Hoy somos más de 80 sobrevivientes que trabajamos para crear conciencia, acompañar a otros y participar en cambios en las políticas públicas.

Hemos apoyado leyes como el “Derecho al Olvido” y la preservación de la fertilidad en pacientes con cáncer. Gracias a nuestro trabajo, la voz de los sobrevivientes hoy es escuchada en Chile.

En 2024, junto a Childhood Cancer International, creamos SURNET, una red global de sobrevivientes que se enfoca en visibilizar las necesidades de quienes tuvieron cáncer en la infancia.

Ese mismo año comencé a trabajar como psicólogo en Fundación Camino, un hogar que recibe a jóvenes con cáncer de todo Chile. Acompañar a otros en su proceso de sanación también me ha ayudado a sanar.

Fundación Camino me ha enseñado que, aunque el cáncer puede ser muy duro, también puede convertirse en una oportunidad para crecer, fortalecer el espíritu y encontrar vivir con propósito.

La vida está llena de obstáculos. Algunos se superan, pero otros no, y algunos regresan una y otra vez. La forma en que los enfrentamos hace toda la diferencia.

Podemos quedarnos en el miedo o aprender de las experiencias. Podemos convertir el dolor en fuerza y en propósito. Después de todo lo que he vivido, entiendo que el cáncer no solo marcó mi vida, sino que la transformó.

Hoy soy quien soy gracias a todo lo que aprendí y me siento feliz de poder usar esa historia para ayudar a otros a encontrar esperanza.